Si el amor es ingrato, qué queda para el hombre. Ninguno es perfecto, y ambos creen serlo.
El hombre en su empirismo, y el amor en su abstracción. Vaya cosas locas del mundo, que a pesar de ser in entendibles, son inseparables.
En un sueño se complementan, y en la realidad se atentan. Cada uno cumple su rol, pero no saben bien cuál es.
Sólo existen. ¿En verdad existen? Qué pequeña es la línea de la incredulidad, y qué fácil se traspasa; con que pocos pretextos se acaban las razones que lo daban por cierto.
Un amor existe porque el hombre lo necesita; y un hombre suscita en el amor aquellas cosas que daba por perdidas.
Por amor se cree en lo increíble, se hace lo imposible, y se imaginan perfecciones que generan aún más contradicciones.
Estilo se requiere para mantener ambas condiciones: la del hombre, y la del amor.
Son técnicamente incompatibles, sin embargo se rebelan a los estereotipos de creencias reales, y se convierten en inseparables, aunque pretendan separarse el uno del otro.
Poco entiendo el hombre del amor; y éste hace que haya múltiples conceptos que pretenden definirlo. Y el amor se burla de tantos intentos fallidos.
El amor en su abstracción, y el hombre, en su condición, hace una perfecta condición que no posee explicación. No tiene relación.
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